Enseñar a alumnos con necesidades educativas especiales requiere de mayor conexión del educador con cada niño que necesita aprender y, a quienes les es más difícil adquirir conocimientos que, a otros niños de la misma edad. En relación a este tipo de casos, en el Programa Rescate Lector Rescatistas y Profesionales ya cuentan con la experiencia para tomar la responsabilidad de enseñar obteniendo resultados notorios en los niños.

Estos logros no sólo están vinculados con los conocimientos teóricos de los educadores-que no dejan de ser relevantes y fundamentales-sino también con sus habilidades blandas, principalmente con su empatía, adaptabilidad y creatividad para relacionarse en un espacio en el que deben liderar la enseñanza de niños que requieren de más y mejor apoyo para aprender.

Acercamiento efectivo y refuerzo positivo
Las primeras sesiones con niños del PIE (Programa de Integración Escolar), son más demandantes para un educador del Rescate, puesto que en los niños se exaltan algunas actitudes, “son muy tímidos, otros muy inquietos, les cuesta concentrarse y eso dificulta un poco el trabajo, por lo que para trabajar con ellos fue fundamental la constante comunicación con el profesor jefe y la profesional del PIE. Esto me permitió ajustar expectativas con cada niño y complementar el trabajo que la escuela estaba haciendo con ellos”, explicó Andrea Cuevas, Profesora de Lenguaje y Comunicación, quien forma parte del equipo de profesionales del Programa Rescate Lector.

Con información sobre los diagnósticos de cada caso PIE, el desempeño escolar de los niños y la visión de quienes trabajaban con ellos en sus establecimientos, Andrea Cuevas planificó su estrategia educativa para enseñar de manera personalizada a los niños del PIE que le fueron asignados, ajustando sus expectativas sobre lo que podía lograr y buscando recursos pedagógicos adaptables para cada uno de ellos.

En el rol que Andrea ejerció con niños y niñas a su cargo, supo motivarlos a través del refuerzo positivo, lo que fue crucial para obtener resultados, puesto que como explicó la profesional, algunos niños del PIE se sienten en desventaja y avergonzados, lo que los hace ser más tímidos o creer menos en sus capacidades. Al respecto comentó, “los atendía individualmente o hacía duplas, de esta forma generé un ambiente de confianza con menos distractores, en un espacio en el que se atrevían a más cosas que en grupo y podíamos ir reforzando lo que necesitaban”.

Andrea los incentivó a diario para que se sintieran orgullosos de sus logros. Sin embargo, algunos casos requirieron de mayor atención y dedicación de su parte. “Tristemente me tocó escuchar a niños decir que eran tontos y que por eso no aprendían, aquí el refuerzo positivo me permitió fortalecer en ellos su autoestima, haciéndoles sentir que eran capaces de lograr lo que se propusieran”, enfatizó la profesora.

Para generar cambios en las actitudes de sus alumnos la profesional los involucró en su trabajo. Así fue como en algunas actividades implementó una sección de autoevaluación, en la que cada niño le asignaba emoticones a la lectura que realizaba. Después de ello, se daban el tiempo de conversar sobre el texto y repasar aquellas palabras o sílabas de mayor complejidad, para revisar en la clase siguiente nuevamente las dificultades y volver a autoevaluarse, de esa forma podían ver que su desempeño había mejorado.

Las estrategias de Andrea fueron más allá, lo que le permitió trabajar en espacios de confianza con los niños, en los que destacó de forma permanente sus habilidades, haciéndoles ver que si bien, les costaba leer, eran buenos en otras asignaturas. De esa forma, imprimió en ellos confianza por medio de acciones simples. “Al principio de la intervención establecimos reglas y compromisos para el trabajo y a medida que avanzábamos les agregaba otras como por ejemplo, ´prohibido decir no puedo o decir no sé´ y cuando estas frases aparecían, nos deteníamos para hacer un breve recuento de las letras o sílabas que ya sabían leer o para recordarles que anteriormente habían leído una palabra más difícil”, recordó Andrea.

La empatía y compromiso de quien enseña aporta al aprendizaje, por lo que mientras más se conecte el educador con los niños ingresados en el PIE, aumenta el porcentaje de aprendizajes significativos, lo que se incrementa cuando las familias se comprometen y refuerzan lo aprendido en el hogar. “Soy una convencida de que el rol de la familia en la educación de los niños es clave. Creo que un papá o mamá comprometido con el proceso de aprendizaje de su hijo equivale al mejor educador del mundo. Si ese papá está motivado, buscará herramientas, tratará de comprender cómo es su hijo, cómo aprende y sobre todo el niño tendrá el cariño y amor incondicional de quienes lo cuidan”, afirmó la profesional.

Los profesores no pueden suplir el rol de las familias con unas horas de trabajo, pero sí cumplen un rol fundamental cuando son capaces de enseñar con motivación y en espacios de confianza, sobre todo a niños y niñas que presentan necesidades educativas especiales, para quienes las actitudes motivadoras de sus educadores marcan una diferencia en sus aprendizajes.

 

 

Cinthya Covarrubias, 
Periodista,
Encargada de Comunicaciones Organizacionales Fundación AraucaníAprende