“Durante décadas, las políticas educativas con enfoque de género se han orientado y con justa razón a reducir las brechas que históricamente han perjudicado a las niñas. No obstante, en los últimos años, distintos estudios han comenzado a evidenciar una preocupación creciente: en muchos contextos, especialmente en países de ingresos bajos y medios, los niños están quedando rezagados en materia educativa.
La Fundación Qatar lo advirtió en 2017. UNICEF lo reafirmó en 2021. UNESCO lo subrayó en 2022. Y en 2024, el Centro de Justicia Social del Reino Unido fue más tajante: el sistema educativo está fallando a los varones.
Los niños y jóvenes presentan mayores tasas de repitencia, abandono escolar y bajo rendimiento, en especial en lectura. Esta tendencia se ha vuelto particularmente visible en regiones como América Latina, África Subsahariana y Asia. UNESCO (2022) señaló que muchos niños experimentan un progresivo desapego hacia la escuela, influenciados por presiones sociales que los empujan al trabajo desde temprana edad, normas culturales que subestiman el valor de la educación para ellos y la falta de modelos masculinos dentro del entorno escolar. A menudo, la escuela se percibe como un espacio feminizado que no los representa ni los contiene.
En nuestro país, el aumento de la participación de niños menores de 14 años en actividades delictivas está estrechamente vinculado a los bajos niveles de logro educativo y la deserción escolar. Entre enero y septiembre de 2024, cerca de 29 mil menores fueron consignados como infractores de la ley, un incremento del 13% respecto al año anterior; esta situación se agrava en contextos de pobreza, donde la falta de oportunidades y la exposición a entornos violentos facilitan el reclutamiento de menores por parte de bandas criminales.
Este fenómeno compromete el presente y el futuro económico, social y emocional de los niños y la sociedad en su conjunto. Cuando abandonan la escuela sin haber desarrollado habilidades básicas, las probabilidades de que enfrenten pobreza, exclusión o violencia aumentan significativamente.
Es fundamental comprender que hacer visibles de forma pragmática las desventajas educativas que enfrentan los varones no significa restar importancia a los desafíos que aún persisten para las niñas. Significa, más bien, asumir que la equidad educativa exige una mirada desideologizada y más amplia. Requiere políticas de género que no partan de supuestos, sino de realidades concretas. Abordar el rezago masculino implica revisar prácticas pedagógicas, incluir referentes positivos para los varones y construir entornos que valoren el aprendizaje sin reproducir estereotipos.
Si prestamos especial atención en que debe existir buena educación para todos y todas, evitaremos incrementar la violencia, la exclusión y la pobreza. Cuando los varones quedan fuera del sistema educativo, no solo se desperdicia talento, sino que se refuerzan ciclos de marginalidad que afectan a toda la sociedad. La delincuencia y la violencia social no surge de manera aislada, es el síntoma de una exclusión estructural que comienza en la infancia, cuando los niños y jóvenes no aprenden lo básico y no se crean vínculos amorosos significativos con la escuela”.
Carlos Dreves,
Director Ejecutivo Fundación AraucaníAprende



